sábado, 23 de abril de 2011

...quería arrástrame a la deriva de una tarde que acababa...


Me costaba  abrir los ojos, la noche quedaba borrosa. Intentaba rehacer cronológicamente lo acontecido. Por más que lo intentaba me perdía en una maraña, de sensaciones y sentimientos que aumentaban mi desazón. Era incapaz de recordar mas allá de vaguedades, sabía que debía buscar la punta de la que empezar a tirar. La lengua estropajosa parecía no caber en mi boca, el sabor acre, nauseabundo me producía arcadas que a duras penas podía mantener dentro de mí. La cabeza me dolía como si la hubiese separado dos metros de mi cuerpo. La noche había empezado con una fría lluvia, eso sí lo tenía claro, poco a poco sin llamar la atención arreciaba, la procesión había salido ya y dudaban si debería volver o terminar. Mi sombrero de fieltro marrón, se empapaba del frio liquido, mi cabeza bullía en desasosiego, no podía centrar los pensamientos y como una autómata, seguía un paso, que me resultaba ajeno, había rechazado trabar, permanecer dentro del grupo  oculto tras la tela morada, no me pareció una buena opción. La cazadora de piel, húmeda empezaba a ser incomoda, su peso aumentaba, la rigidez se volvía tosca y el paso aumentaba alejándome de un principio que no sabía si tenía final. Acorte por unas callejas que descendían precipitadamente, las paredes parecían juntarse, estrechas, las gotas resplandecían en el ámbar de las farolas, parecían danzar, como burbujas de oro que no tenían prisa por descender. Me tumbe en el suelo abriendo los brazos, mirando hacia un futuro que se precipitaba hacia mí. La lluvia se estrellaba contra mi cara, al principio me pareció que las gotas me esquivaban, que me respetaban, después con brusquedad, con maldad manifiesta una tras otra martilleaban mi rostro. No sentía, el frio, no sentía el arroyo que corría bajo mi espalda, que quería arrástrame a la deriva de una tarde que acababa. En mi mano, la botella aun contenía algo de lo que antes la había llenado. La aproxime a mi boca, bebiendo con avidez, dejando que el alcohol quemase mi garganta, me llenase, me diese el valor suficiente para salir de ese naufragio que me consumía. No quería moverme, estaba bien allí, con los tambores lamentándose cada vez más lejos, con el sonido ausente del día. Nada parecía tener importancia, solo el agua, solo el vodka, volví a beber un trago pronunciado que llego al fondo de mi estomago, que me quemo por dentro, que me recordó que aun estaba vivo, me dio calor, un calor que sentí artificial. Pero fue suficiente para que me pusiera a cuatro patas, y gateando llegue a la pared, me senté en la acera, al respaldo de una fría fachada gris. Mire hacia la farola, me pareció tan bella esa imagen, que me quede contemplandola, tanto tiempo que perdí la noción, la realidad. Veía las chispitas brillar, deshacerse, juntarse, agruparse, estrellarse contra el suelo, explotar. Di un último trago y lance la botella hacia lo alto, arrasaba cuanto se encontraba a su paso, destruía diminutos universos que resplandecían rotos, desplazaba como un vendaval siluetas que seguían al norte. Hasta que un sonido estridente aplasto mi visión, destruyendo ese momento. Serpenteé por la pared con mi espalda, hasta erguirme de una manera tosca, mi cuerpo encorvado, se precipitaba antes que yo, con cada traspié, mi cabeza parecía estallar, mi sombrero había desaparecido y mi pelo escurría sucio un líquido pegajoso…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola señor...

me alegra que al fin tenga nuevos animos de escribir...
vaya sorpresa, en lugar de un blog ahora son dos...buen material para leer...

espero todo este en paz y sean buenos dias..

maria luisa

p.d. me pondre atenta a leer..sabe que me encanta...verdad?

Daryus dijo...

Buenos dias cielo,
la Semana Santa, es para eso, para estar en paz, para el recogimiento, y para comer torrijas tambien ;)) Me recompongo que ya es mucho, y si, se que te gusta leer, gracias por preocuparte. Besitos